miércoles, 13 de marzo de 2013

Cultura y naturaleza


El hombre, como el animal, es un ser biológico y social. Biológico, porque tiene nece­sidades básicas que debe satisfacer, como el hambre, la sed o la urgencia de protegerse contra el frío. Social, porque precisa estar junto con individuos de su misma especie pa­ra sobrevivir.
En ese sentido, tanto el hombre como el animal pertenecen al mundo de la naturaleza y establecen una relación continua con ella. La diferencia entre ambos reside en el hecho de que el animal tiene una relación fija y biológicamente pautada con el ambiente, vínculo que permanece siempre igual y que se caracteriza por la repetición constante de las mismas pautas de conducta.
El hombre, en cambio, como animal racional, se relaciona con la naturaleza mediante una transformación permanente. Este contacto se basa en la acción que el hombre realiza en forma continua para convertir su am­biente natural en un ambiente sociocultural, de acuerdo con sus necesidades y con sus posibilidades de crear y de modificar lo ya existente.
Cuando el individuo nace, es un ser indefenso, a merced de la naturaleza. Gracias a la familia y a la socie­dad en la que se encuentre, incorpora gradualmente las distintas pautas culturales de su comunidad por medio de las cuales configurará una identidad propia. Uno de los elementos básicos de la cultura en la que se inserta ese individuo -y que determina su forma de pensar y de ver el mundo- es el lenguaje.
Entonces, existe una relación directa e inseparable entre naturaleza y cultura, ya que el hombre pro­cura adaptarse para vivir organizadamente en sociedad, y utiliza y transforma, de un modo constante, el ambiente natural que lo rodea. 

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