El hombre, como el animal, es un ser
biológico y social. Biológico, porque tiene necesidades básicas que debe
satisfacer, como el hambre, la sed o la urgencia de protegerse contra el frío.
Social, porque precisa estar junto con individuos de su misma especie para
sobrevivir.
En ese sentido, tanto el hombre como
el animal pertenecen al mundo de la naturaleza y establecen una relación
continua con ella. La diferencia entre ambos reside en el hecho de que el
animal tiene una relación fija y biológicamente pautada con el ambiente,
vínculo que permanece siempre igual y que se caracteriza por la repetición
constante de las mismas pautas de conducta.
El hombre, en cambio, como animal
racional, se relaciona con la naturaleza mediante una transformación
permanente. Este contacto se basa en la acción que el hombre realiza en forma
continua para convertir su ambiente natural en un ambiente sociocultural, de
acuerdo con sus necesidades y con sus posibilidades de crear y de modificar lo
ya existente.
Cuando el individuo nace, es un ser
indefenso, a merced de la naturaleza. Gracias a la familia y a la sociedad en
la que se encuentre, incorpora gradualmente las distintas pautas culturales de
su comunidad por medio de las cuales configurará una identidad propia. Uno de
los elementos básicos de la cultura en la que se inserta ese individuo -y que
determina su forma de pensar y de ver el mundo- es el lenguaje.
Entonces, existe una relación directa
e inseparable entre naturaleza y cultura, ya que el hombre procura adaptarse
para vivir organizadamente en sociedad, y utiliza y transforma, de un modo
constante, el ambiente natural que lo rodea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario