El arte es una representación de la
realidad. Es el acto de crear símbolos comunicativos a partir de una actitud estética
de juego. Se vale para ello de distintos lenguajes, que surgen de y apuntan a
las capacidades de expresión y comunicación de los distintos sentidos humanos.
Hay lenguajes artísticos que se dirigen a dos o varios sentidos a la vez, como
la danza, el teatro, la ópera o el cine.
Las primeras
manifestaciones artísticas de la humanidad datan de hace aproximadamente
40.000 años, y estaban probablemente relacionadas a rituales. Las pinturas
rupestres más antiguas que se han encontrado, trazadas en las paredes y los techos de cuevas -como las de Cabrerets
en Francia y de Altamira en España- por pintores pertenecientes a culturas de cazadores del Paleolítico superior
(alta Edad de Piedra), aproximadamente hace 20.000 años, representan escenas de
animales, grandes figuras de bisontes, cabras, caballos, jabalíes, renos,
etcétera. Aparecen también figuras humanas, algunas de ellas con máscaras.
“A pesar de su magnífica economía de líneas y colores,
tan admirada hoy en día, el arte del Paleolítico superior debe considerarse, al
menos, tanto una expresión de rituales culturales establecidos como de
impulsos estéticos individuales o culturales. Generalmente se supone que estas
imágenes constituían alguna forma de caza mágica, pero su función precisa no
se conoce con seguridad. Todo lo que se puede decir es que los cazadores
estaban impresionados por la fuerza y la belleza de los animales cuya muerte
hacía posible su supervivencia" (Harris, 1996).
El arte puede ser un
hecho colectivo pero siempre parte de una conciencia, una percepción y una
sensibilidad individuales. Tiene siempre un carácter lúdico, de juego;
involucra un lenguaje, es un hecho de
comunicación. Su función, su concepción y su intención son únicas: el tipo
de relaciones que produce, de descubrimientos que logra, son del orden de un
tipo de pensamiento divergente, que enlaza ideas aparentemente inconexas y
establece puentes intuitivos hacia el conocimiento.
El arte es parte de
la cultura y como tal está sujeto al devenir histórico de la misma. Cada
cultura a su vez tiene sus modalidades artísticas específicas en cada período
de su historia. Estas modalidades dependen totalmente de una interpelación con
todos los otros aspectos que cada cultura posee, por ejemplo su organización
económica, social, política, pero sobre todo su visión del mundo, su percepción
del espacio y del tiempo, su mitología, su religión, sus respuestas a las
grandes preguntas existenciales, su variedad y complejidad histórica y étnica,
su visión idiosincrásica y filosófica de la vida.
A diferencia de la
ciencia o la tecnología, no se puede hablar de progreso o de avance lineal en
el arte, pues éste cambia con la realidad de la cual nace para cumplir con su
designio intrínseco de representarla y en muchos casos, sobre todo en la
actualidad, como un intento de la cultura por auto comprenderse o, como ocurrió
a lo largo del siglo XX, como reflexión del arte sobre sí mismo. Entonces no se
deben comparar las artes de distintos pueblos o de distintas épocas con
criterios valorativos del tipo "mejor" o "peor" cada
modalidad artística es la respuesta a una realidad social y cultural
determinada, y como tal (y hay infinitos ejemplos de ello) ha llegado a su
máxima expresión, en muchos casos con obras de una gran importancia para toda
la historia del arte. Por ejemplo, la relación entre arte contemporáneo europeo
y el de pueblos africanos o el de pueblos antiguos, se debe a que hubo un
acercamiento de la cultura occidental al pensamiento abstracto, y a la
síntesis, ritmo, trama, estilización, que encontramos en el arte
"primitivo".
A su vez, cada
cultura tiene su propio paradigma; así como algunas se caracterizan en todos
sus aspectos por una tendencia a la conservación de las pautas y tradiciones,
lo mismo ocurre con su arte; otras, como es el caso de las vanguardias europeas
del siglo XX, se caracterizaron por la permanente búsqueda de la innovación.
Estas vanguardias no pertenecen estrictamente a un solo país sino a todos los
países que comparten una serie de pautas culturales, más por difusión que por
convergencia, sumado el hecho de que los cambios sucedidos a lo largo del siglo
XX fueron acompañados por el auge de la cultura de masas, y por los continuados
indicios de lo que hoy se llama globalización.
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