Cuando los miembros de una cultura se
oponen a las normas, valores y principios establecidos y reconocidos por la
mayoría de sus integrantes, forman lo que se denomina contracultura o cultura
alternativa. Estas personas no sólo desdeñan los valores oficiales vigentes,
sino que definen y reafirman nuevas pautas culturales que determinan una
identidad propia con valores alternativos a los instituidos.
La contracultura nace como un rechazo
hacia los aspectos dominantes de la sociedad en la que aquella se genera, y su
objetivo es, sobre todo, la simple oposición y no tanto la transformación de
esa sociedad.
Las contraculturas anteponen las
opciones personales a las acciones colectivas. Por eso, finalmente sus
miembros no modifican la estructura social a la cual cuestionan. Este fenómeno
-sumado al hecho de que sus conductas no responden a una organización compleja
y considerando la debilidad de sus propuestas o su falta de fuerza política-
hace que las contraculturas duren muy poco y que, muchas veces, terminen siendo
absorbidas por los valores establecidos.
Un ejemplo de contra cultura es el
movimiento punk, que nació en Gran Bretaña entre 1976 y 1977 como oposición a
la decadencia de la cultura rock y hippie. Su estilo está determinado por la
necesidad de impactar, sorprender incomodar y molestar, pero no por una
motivación que lleve al cambio de las organizaciones sociales.
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