La Sociología es la ciencia que
estudia los órdenes generales de la vida social, sus leyes, sus movimientos,
sus relaciones con el medio geográfico, con la cultura y con los diferentes
aspectos de la vida y de la personalidad del individuo. En este marco, la
cultura se circunscribe a las relaciones que establecen los hombres entre sí,
relaciones que determinan las diversas estructuras sociales y que se
desarrollan en un ámbito específico. Desde este punto de vista, el análisis de
la cultura es inseparable de dos elementos fundamentales: la persona y la
sociedad.
El concepto de persona se refiere al
individuo que es miembro de una sociedad y de un ámbito cultural y que, a
partir del aprendizaje entendido como un proceso social, permite el intercambio
entre la cultura y la sociedad a la cual pertenece, y entre otras culturas y
sociedades. La cultura resulta, así, una unidad funcional que se irá
modificando a partir de los cambios que establecen las personas con la
sociedad.
La estructura persona-sociedad-cultura
puede dividirse en tres aspectos que actúan dinámicamente, transformándose unos
a otros:
Individuo como creador de cultura.
Incorporación a la sociedad a partir
de diversos procesos.
Formación de la estructura de los
grupos sociales.
Puestos en acción, estos aspectos
impulsan a las diferentes sociedades para que ellas procuren encontrar modos a
fin de solucionar los problemas sociales, materiales y morales -tales como el
éxodo rural, la criminalidad, la urbanización o las migraciones- que trae
aparejada la convivencia humana. Entonces, desde el punto de vista de la
Sociología, la cultura es un sistema estructurado en el que participan todas
las personas que integran una sociedad. ¿De qué manera participan? Por medio de
la creación de bienes materiales, ideas y creencias que determinan, a su vez,
la posición de cada individuo frente a sí mismo y frente a la sociedad de la
que forma parte.
Tanto el concepto propuesto por la
Antropología como el aportado por la Sociología han superado la limitada
noción de cultura como patrimonio de unos pocos privilegiados, noción que
establecía, a su vez, diversos nivele culturales. Esta restringida definición
concebía a la cultura como resultado de la acumulación de conocimiento de los
que el individuo era un mero receptor. Así, la cultura se medía de acuerdo con
el grado de instrucción y con la adquisición de bienes intelectuales
considerados "superiores", por lo que una persona podía quedar
excluida podía ser conceptuada como "inculta", en caso de que le
fuera imposible acceder a esos bienes y conocimientos.
En cambio, la Antropología y la
Sociología consideran que el individuo es un creador de cultura y que puede
transformarla mediante sus acciones, en función de los vínculos sociales
establecidos, con el fin de hallar respuestas a los distintos problemas de la
vida.
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