Los miembros de una sociedad se
distinguen entre sí por numerosas características. Por ejemplo: pueden haber
obtenido diferente instrucción y educación, pertenecer a distintas religiones,
recibir ingresos más altos o más bajos, provenir de familias de inmigrantes o
de familias tradicionales locales. De esta manera, los diversos grupos
sociales van determinando distintas subculturas, condicionadas por diferencias
étnicas, religiosas, profesionales e ideológicas. Cada una de esas subculturas
crea sus propias normas, que no responden necesariamente a las de la cultura
principal.
Lo que caracteriza a una subcultura en
particular es la solidaridad y el apoyo mutuo que suele existir entre sus
miembros. Estos comportamientos se expresan a través de ciertos rituales (por
ejemplo, el ejercicio de lealtades territoriales) y se revelan con la adopción
de un estilo propio reflejado en una forma de vestir o en la utilización de
símbolos determinados.
La pertenencia del individuo a una
subcultura va desarrollando su personalidad y su posición frente a la
sociedad.
A su vez, el entrecruzamiento de
subculturas permite la formación de un sistema que se integra en la estructura
cultural general. Así, en ciudades como Buenos Aires, Londres o Nueva York, se
desarrollan diversas subculturas determinadas por las múltiples migraciones
provenientes de distintos países del mundo. Esos grupos, a su vez, van
definiendo el carácter de la estructura social de las ciudades.
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