La humanidad se fue dividiendo en
numerosas sociedades, grupos, naciones y Estados que se han ido conformando -y
continúan haciéndolo- dentro de un marco de ideas y de creencias comunes.
Ahora bien, ¿qué es lo que une a los
miembros de cada comunidad, de cada grupo?
Los liga un mismo sistema complejo de
ideas, bienes y hábitos que definen su estructura básica y que los diferencian
de otras formaciones sociales similares. Estos rasgos hacen que cada grupo o
sociedad tenga una identidad específica y un sentimiento de pertenencia
cifrado en el "nosotros", lo que le permite destacarse de otras
comunidades distintas, ajenas, formadas por los "otros". A partir de
ese "nosotros", cada individuo construye su "yo", su
identidad particular, y afirma su pertenencia a determinado grupo o sociedad.
Pero ese sentimiento de pertenencia no
depende de la cercanía o de la vecindad. Así, la identidad de un individuo
puede definirse por el hecho de ser judío, de compartir la religión budista,
por regirse según, los códigos de la new age, por ser un heavy metal o un
miembro de Greenpeace. Estas particularidades trascienden las fronteras, porque
se basan en características identificatorias que existen en los más diversos
países, o que son el resultado de migraciones cuyos protagonistas siguen
conservando la cultura de origen, que irán modificando con los aportes de la
nueva sociedad de residencia.
La identidad se construye a partir de
la incorporación de determinados códigos comunes, como los hábitos
lingüísticos, las tradiciones populares, los modos de actuar, las ideas, los
deseos y las actividades más diversas.
La identidad cultural presupone
ciertos bienes culturales comunes que pueden clasificarse de la siguiente
manera:
• identificación de símbolos: son los
objetos materiales -como escudos, banderas, emblemas, vestimentas,
transportes, objetos artísticos- en los cuales se proyecta la fuerza de un
grupo. Estos elementos actúan como instrumentos identificatorios que relacionan
a los integrantes de ese grupo y que les permiten diferenciarse de los demás;
• sistema normativo: está formado por
los esquemas de conductas entre los que se cuentan los modales, la tradición,
las costumbres, las leyes y la religión. Estos esquemas determinan la
ideología y las normas de control social.
Estos bienes culturales, simbólicos y
normativos, se van modificando en función de las relaciones que surgen entre
las personas que conforman una cultura ("nosotros"), y entre estas y
los individuos de otras identidades ("otros").
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