miércoles, 13 de marzo de 2013

Signos y símbolos de la cultura contemporánea


Estamos rodeados de símbolos, emblemas, siglas, logotipos, diseños, direcciones, núme­ros, palabras, letras, señales luminosas y sonoras. El número de la patente del auto y la fecha de hoy; la hora de la reunión y el billete de diez; cobrar el sueldo y llegar a fin de mes; tomar el tren en Once y bajar en Liniers; subir al ascensor y bajar en el cuarto. Cuan­do llamamos por teléfono utilizamos los números, que son signos; cuando tomamos el colectivo, utilizamos una moneda, que es un símbolo (significa un valor económico que se puede cambiar por un servicio).
Existen símbolos más complicados, más subjetivos. Hay infinidad de ejemplos de ellos en la publicidad: un automóvil nuevo puede simbolizar status económico, poder, velocidad, libertad, protección; una mujer hermosa puede simbolizar erotismo, juventud, poder, di­versión.
Para expresarnos utilizamos signos y símbolos, y esto es así tanto en el mito como en el arte, el lenguaje o la ciencia. No se trata de representaciones alegóricas de la realidad, sino de representaciones que crean y establecen su propio mundo significativo.
Ningún proceso mental puede apropiarse de la realidad misma, y sólo se la puede recons­truir a través de signos y de símbolos. Es solamente por medio de las formas simbólicas que la realidad puede ser captada, y solamente a través de su propia actividad puede lograr la percepción de ésta. En este sentido, la representación simbólica es sólo un reflejo de lo existente.
Como dijimos anteriormente, lo que define a la cultura humana, e incluso a la forma hu­mana de relacionarse con el mundo, es su capacidad de simbolización. La simbolización es el modo como el ser humano organiza y comprende la percepción que recibe del mun­do a través de sus sentidos. Esta simbolización tiene carácter universal. Por medio del lenguaje simbólico humano, cada cosa tiene nombre.
Además de su aplicación universal -nos dice Cassirer-, el símbolo es también variable. Los símbolos pueden expresar una misma idea de distintas formas dentro de un idioma, y también la misma idea se expresa en forma distinta en idiomas diferentes.
El símbolo permite articular el pensamiento. El significante "mesa" simboliza al objeto que se corresponde con él. Este significante puede a su vez enlazarle con otros, que también simbolizan cosas, en una frase. De este modo, podemos relacio­nar la mesa con la silla, con el piso en que se apoya, con la jarra que apoyamos en ella, con sus cualidades, etcétera. Es decir, el lenguaje, por medio de sus sím­bolos de aplicación universal, nos permite pensar y comunicar nuestro pensamiento, y nuestro pensa­miento puede además relacionar los símbolos de dis­tintas maneras para expresar una misma idea.
La señal o el signo tienen un significado puntual, se refiere a algo específico. El lenguaje militar, por ejem­plo, está poblado de este tipo de signos o señales, como el saludo de la venia o la mayoría de las órde­nes de marcha. Es un lenguaje de signos, no de sím­bolos, y por lo tanto no es variable, sino fijo y esque­mático y no es universal, ya que no sirve para cons­truir pensamientos. Este lenguaje de signos tiene por función simbólica crear una relación de autoridad, que requiere un lenguaje elemental desde el punto de vista semántica.
Los símbolos, en cambio, son:
·    variables: un mismo significado se puede crear por medio de distintos símbolos o combinaciones de símbolos; y
·    universales: ya que sirven para referirse a cualquier significado o pensamiento, aunque éste sea de gran complejidad.
Sin embargo, muchas veces tratamos de explicar algo que supera las posibilidades del lenguaje, ya sea por­que se refiere a una emoción o a un sentimiento muy intenso, difícil de transmitir; o porque se refiere a conceptos o ideas muy abstractas (el bien, el mal, el ser, Dios); o porque se refiere a una forma de percep­ción que se encuentra más allá del lenguaje, como sucede en las religiones orientales que tienen técni­cas de meditación que detienen el diálogo interno, es decir, el acto de pensar, de simbolizar aspectos de la realidad en nuestra mente por medio del lenguaje. Y es en este punto en que se destaca una de las cualida­des o de las funciones del arte.
La literatura crea o expande los límites de los significados que una lengua o idioma puede expresar o construir. Y es que el pensamiento es una creación hu­mana que se realiza por medio del lenguaje. Es por eso que el lenguaje mismo tiene, por su manera de simbolizar las cosas del mundo, un significado pro­pio: nos permite, o nos empuja a entender a través de ciertos caminos de pensamiento y no de otros.
El desarrollo de la lengua es fundamental en la vida de una cultura, porque de ésta se derivan su idiosin­crasia y sus construcciones ideológicas. Por este mo­tivo resulta tan importante conocer el idioma para tratar de entender la forma de pensar de un pueblo perteneciendo a otro. La lengua es un sistema no sólo para expresar el pensamiento y la visión del mundo, sino también para crearlo. Por esta razón es común que las academias de la lengua, como la Real Acade­mia Española, donde se van acuñando o legitiman­do los cambios idiomáticos que pasarán a formar par­te de los diccionarios, suelen estar integradas por grandes escritores y lingüistas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario